lunes, 06 de noviembre de 2006
Publicado por Desconocido @ 13:43  | mujer
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El Plan Gerontológico de Vizcaya aprobado recientemente por la Diputación no sólo traza el perfil de las personas mayores, sino de las que se encargan de cuidarlas cuando ya no pueden valerse por sí mismas. La dedicación de estos familiares, mujeres en su mayoría, resulta a veces incompatible con un trabajo remunerado -una de cada diez ha tenido que abandonarlo- y pasa factura a su salud, que también empieza a resentirse. La media de edad de las cuidadoras es de 53 años, y el 20% ha pasado la barrera de los 65.

Madres e hijas. La vida vuelve a empezar en esta última etapa, aunque con los papeles cambiados. La tercera edad tiene género femenino -125.000 mujeres frente a 88.000 hombres en Vizcaya- y la entrega, también. Las madres se apoyan sobre todo en sus hijas y, en menor medida, en su cónyuge. El papel de los nietos en estas tareas «ha disminuido sensiblemente», mientras comienza a emerger otra realidad. Cada vez son más las familias que «delegan» el cuidado de los mayores en personal retribuido, aunque no necesariamente especializado. En el 14% de los hogares, la responsabilidad recae en una empleada de hogar.

Cuando la familia se hace cargo, lo primero que se plantea es dónde vivir. Son muchas las personas que se trasladan a casa de sus hijos. A menudo de forma permanente, porque, según los autores del Plan Gerontológico, «el sistema de 'rotación' entre las viviendas de los familiares está en retroceso». También hay un grupo significativo de ancianos, el 15% del total, que recibe ayuda de sus allegados pero sigue viviendo solo, una tendencia extendida en los países del Norte de Europa.

«Obligación moral»

La atención a los ancianos dependientes suele durar entre 6 y 8 años. Quienes se hacen responsables reciben ahora más apoyo de otros miembros de la familia, pero la dedicación «intensiva» les obliga a reorganizar su propia vida. Se calcula que apenas un tercio sigue trabajando fuera de casa, lo que se traduce en una «pérdida inmediata de ingresos». En este punto, como en otros, los perfiles de los mayores y sus cuidadores se tocan.

Los jubilados vizcaínos ingresan una media de 900 euros al mes, y las pensiones de viudedad se reducen a 550. Aún más bajas son las no contributivas y del Fondo de Bienestar Social. Un «empobrecimiento» compartido con quienes, al dejar su actividad laboral, pierden derechos de cara a su propia jubilación. Según las últimas encuestas, un tercio de los cuidadores demanda ayudas económicas aunque la mayoría prefiere otro tipo de apoyo, como la atención domiciliaria y los centros de día.

En general, las personas consultadas quieren seguir ocupándose de sus mayores -lo consideran «una obligación moral»- pero necesitan «un soporte» institucional. Antes se pensaba que no hacía falta ningún tipo de formación para desempeñar esta tarea. Sin embargo, ya son mayoría las mujeres que la demandan. Sobre todo, piden tiempo para cuidar de sí mismas. El 30% afirma que el desgaste diario está deteriorando su estado de salud, y una de cada diez «no tiene tiempo de ir al médico». Se sienten deprimidas, o, simplemente, solas. Otro punto de contacto entre las dos generaciones.(fuente: el correo)
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