lunes, 04 de septiembre de 2006
Publicado por Desconocido @ 10:44
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Muchas sustancias de uso cotidiano son sospechosas de producir graves efectos sobre la salud de las personas

Documentos TV-Agosto 2006

CIEN MIL SUSTANCIAS

Los químicos han sintetizado más de 100.000 sustancias destinadas a hacer más confortable la vida de los ciudadanos de la sociedad del bienestar. Esas sustancias tienen destinos tan variados como envasar alimentos, desinfectar superficies, dar suavidad a textiles, acabar con los insectos, aromatizar ambientes o retardar la propagación del fuego. Hoy se sabe que restos de esas sustancias acaban en el medio ambiente y pasan a los organismos vivos. Actualmente la población mundial lleva en su sangre una enorme cantidad de productos tóxicos y se sospecha que muchos son letales.

TRAMPAS QUÍMICAS

La química está presente en todos los objetos cotidianos: forma parte del plástico, de los detergentes, del barniz de los muebles, de la tela de la ropa. “La vida, tal como la conocemos hoy, sería imposible sin química”, afirma Juan José Nava, vicepresidente de FEIQUE (Federación Empresarial de la Industria Química Española). Pero algunas de esas sustancias pueden tener efectos tóxicos, acumularse en la sangre, y producir enfermedades.

Un análisis permite revelar el contenido químico de la sangre de cualquier persona. A ese residuo se le llama "carga tóxica" y sirve para indicar la cantidad de sustancias sintéticas acumuladas en su organismo. Cuando ese índice rebasa unos límites, la vida para quien soporta esa carga se hace insoportable. Eso le ocurre a Laura Domínguez, que hace siete años, cuando trabajaba como telefonista, fue afectada por una fumigación contra insectos en el local de su empresa. Desde entonces, casi cualquier producto le hace sufrir una crisis química. Una laca de uñas, un perfume, el olor de un coche nuevo la pueden llevar al hospital. Resume sus dificultades diciendo: “Me siento como un insecto superviviente de una fumigación”.

La enfermedad de Laura se llama “Síndrome de Hipersensibilidad Química”, pero algunos la han bautizado como “Alergia al siglo XX”. No tiene tratamiento, pero afecta a miles de personas que un día fueron intoxicadas: funcionarias, como Carmen Gómez, limpiadoras de hotel, como Lola Fernández o peones de obras públicas, como Mario Arias. Ahora deben cargar con las secuelas el resto de sus vidas.

Los niños y niñas heredan la "carga tóxica" de nuestro planeta

NUEVAS ENFERMEDADES

Los casos que se producen en el lugar de trabajo son los más visibles. Pero también en el interior de los hogares están apareciendo nuevas enfermedades que algunos científicos atribuyen a los efectos secundarios, y desconocidos, de algunas de las más de 100.000 sustancias químicas con las que convive cualquier ciudadano europeo.

Durante la Primera Guerra Mundial el hombre ensayó nuevas armas de destrucción: las sustancias químicas sintéticas. Los derivados del cloro, primero, y más tarde los del fósforo, se convirtieron en armas mortíferas: asfixian, abrasan, atacan el sistema nervioso. En tiempo de paz, estas sustancias encontraron una aplicación civil y se convirtieron en productos para eliminar las plagas de los cultivos, y los insectos de la vida cotidiana.

Científicos, como el granadino Nicolás Olea o el alemán Michael Braungart, estudian desde hace años los efectos de algunas sustancias químicas que forman parte de objetos cotidianos. Biberones y chupetes, empastes dentales o determinadas botellas de agua mineral contienen “disruptores endocrinos”, sustancias sintéticas que al penetrar en el interior de los seres vivos se comportan como hormonas, y pueden provocar alteraciones en la sexualidad de los niños. La sospecha de que muchas sustancias de uso cotidiano tienen graves efectos sobre la salud de las personas, que pueden provocar cánceres, malformaciones o mutaciones, ha puesto en marcha una iniciativa legislativa en la Unión Europea. Una propuesta de “Reglamento
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